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Los beneficios “top” de los dirigentes de Chuqui que detonaron el quiebre sindical en Codelco

Una treintena de dirigentes sindicales mantuvieron, hasta 2017, condiciones especiales para su egreso o reubicación en el marco del traspasó de la división a subterránea. Pero la actual administración de Codelco los consideró injustificados y los eliminó y la FTC declinó negociar su continuidad.

 

El término de un acuerdo con condiciones especiales para el egreso o reubicación de una treintena de dirigentes sindicales de la división Chuquicamata de Codelco -en el marco de su reconversión a mina subterránea- fue lo que habría detonado el quiebre al interior de la Federación de Trabajadores del Cobre (FTC), que terminó con la salida de su presidente, Raimundo Espinoza.

Según fuentes de Codelco y del mundo sindical, el conflicto se originó luego de que Espinoza rechazara, a inicios de este año, mediar la prolongación de dicho tratado, cuya vigencia se inició en 2012 y terminaba en diciembre del año pasado. El tratado fue firmado por el entonces gerente general de la división, Julio Aranis y algunos de los dirigentes que hoy conforman la nueva mesa de la FTC, entre ellos, el presidente de la agrupación, Héctor Roco; la consejera, Cecilia González y el secretario ejecutivo, Hernán Guerrero.

De acuerdo con el “Acta de acuerdo Desarrollo Sindical”, que describe el tratado, los dirigentes contaron con una serie de beneficios para dejar la empresa o reinsertarse en otros puestos una vez que Chuqui pase a subterránea. Entre estos beneficios estaba que la gerencia de Recursos Humanos debía responsabilizarse de la reinserción laboral del ex director, para lo cual se pagaba de forma anual hasta UF 100 en capacitación.

“Durante todo el periodo de reinserción el ex dirigente percibirá íntegramente todos los emolumentos que, conforme al contrato de trabajo vigente, le corresponden”, dice el acuerdo, lo que incluía los bonos.

Asimismo establecía, con el fin de estimular la optimización de los plazos para que el ex dirigente decidiera reubicarse o egresar de la cuprera, incentivos especiales que consideraban el pago de hasta tres sueldos brutos.

De igual modo, si el ex dirigente se quedaba en nuevo puesto dentro de la empresa asociado a una remuneración más baja, la diferencia existente debía ser transformada y pagada como un sueldo “personal”.

A todo lo anterior, se sumaba que si el ex dirigente decidía salir de la compañía, éste podía optar a cualquiera de los últimos tres planes de desvinculación asistida que se hayan aprobado para la división, teniendo la opción de quedarse con la mejor propuesta.

Desde Codelco señalaron que durante el ciclo de altos precios del cobre, la industria aplicó incentivos que permitían asegurar la continuidad operacional por sobre el control de costos, ya que estos beneficios, que eran transitorios, se financiaban con el retorno de las utilidades.

“En ese contexto, el año 2012, la administración de la división Chuquicamata de la época acordó de manera excepcional una serie de beneficios para los dirigentes sindicales. Al expirar dichos incentivos definitivamente en diciembre de 2017, la evaluación de la actual administración determinó que no se justificaban estos beneficios especiales en el contexto actual del negocio, por lo que no fueron renovados”, señaló.

El actual presidente de la FTC, que fue uno de los dirigentes que firmó el acuerdo, Héctor Roco, señaló que este tipo de acuerdos son habituales en las distintas divisiones de Codelco y que en el caso de este en particular, sólo tres dirigentes se acogieron a él. Al mismo tiempo descartó que el fin del tratado haya implicado la salida de Espinoza de la organización sindical, ya que ellos nunca habrían solicitado su extensión.

“No voy a permitir que se basuree a la división. Sabemos que esto es a raíz de que sacamos a los ‘sangre azul’, entre ellos a Raimundo (…). No entendemos la demonización de estos acuerdos entre la administración y la dirigencia sindical y que tenían un objetivo que era ayudar al dirigente sindical”, señaló, explicando que con esto se apuntaba a que los dirigentes con categorías más bajas no perdieran posiciones dentro de la empresa por su trabajo sindical.

Fuente: Pulso/Constanza Pérez-Cueto

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