El mantenimiento en minería es un aspecto relevante de la gestión de activos de las empresas y representa una parte importante de su estructura de costos. Por ello, resulta decisivo generar condiciones para que esta actividad se realice de manera eficiente; siempre en el marco de la realidad de cada faena minera.

Los procesos de mantención requieren de una gran especialización, como una forma de tener una alta eficiencia en todas sus fases, alcanzar una mayor productividad, aumentar la disponibilidad de los equipos y agregar valor a las compañías mineras.

Desde este enfoque, la especialización externalizada entrega una mayor optimización de la actividad de mantención, resuelve problemas de manera más eficiente y genera una mayor productividad en la tarea.

Como sabemos, las empresas mineras, en general, tienen una gestión del mantenimiento compartida con terceros y en ella se visualizan importantes brechas y, por ende, oportunidades de mejoras en la productividad.
El ciclo de mejoramiento continuo en el mantenimiento se inicia en el proceso de identificación del trabajo requerido, pasa por la planificación, luego la programación, la ejecución y cierre de las actividades, finalizando en un proceso de análisis de lo realizado y de los resultados obtenidos. Todo este ciclo es recursivo y alimenta al proceso de identificación y mejoramiento continuo que se verá reflejado en la planificación siguiente.

Sin embargo, la realidad actual muestra que las empresas mineras externalizan solamente los procesos de programación de actividades y su ejecución, dejando las otras fases al interior de la compañía.En este punto se generan brechas relevantes que, en caso de ser abordadas debidamente, contribuirán a generar mayores productividades y ahorros para la empresa.

Es por eso que se debe avanzar en un trabajo conjunto entre proveedor y mandante, formar un equipo sólido entre las áreas de mantenimiento y operaciones de las mineras y las empresas que prestan el servicio de mantenimiento externalizado, de tal forma de optimizar al máximo la planificación realizada inicialmente y maximizar los beneficios para ambas partes.

Ejemplos de trabajo conjunto hay muchos. En nuestra experiencia se ha logrado mayor productividad y optimizaciones que han significado importantes ahorros no proyectadas inicialmente, esto a través de disminución de las dotaciones proyectadas o reduciendo al máximo la cantidad y frecuencia de actividades no planificadas. Esto último, sin duda alguna, se traduce en un beneficio para el mandante.

En definitiva, se requiere de esta nueva mirada y de esta nueva forma enfrentar el desafío de la mantención, donde exista una simetría entre mandante y proveedor, que esté orientada a construir una relación de colaboración permanente, que facilite traspasar el conocimiento experto y avanzar en las optimizaciones de los contratos y, sobre todo, aumentar la productividad del ciclo del mantenimiento.