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Los problemas ambientales no son nuevos, pero hoy son más importantes

El desarrollo y el conocimiento ayudan a lograr una mejor calidad ambiental. Se responsabiliza al capitalismo de un país de provocar desastres ambientales, pero lo cierto es que no hay un patrón concluyente al respecto.

BALANCEAR CALIDAD AMBIENTAL CON OTRAS NECESIDADES SOCIALES

Bienvenidos al curso “Gestión Ambiental”. En esta primera clase trataremos sobre por qué se generan los desafíos ambientales, qué consecuencias pueden tener si no los gestionamos adecuadamente, y por qué este es un tema de importancia creciente en el mundo y en Chile.

El medio ambiente (MA) es todo lo que nos rodea -“todo lo que no soy yo”, según Albert Einstein.

La ley chilena lo define como “el sistema global constituido por elementos naturales y artificiales de naturaleza física, química o biológica, socioculturales y sus interacciones, en permanente modificación por la acción humana o natural y que rige y condiciona la existencia y desarrollo de la vida en sus múltiples manifestaciones”.

De esta definición se deduce que nuestra calidad de vida depende del MA y de cómo lo cuidamos. Es más, nuestra propia existencia depende de él. Piense qué ocurriría si el aire estuviese tan contaminado que no pudiéramos respirar, o las aguas tan sucias que no pudiéramos beberlas.

Puede parecer una exageración, pero en estos días vemos como la salud y la calidad de vida de los habitantes de Coyhaique se resienten por la contaminación del aire. Muchos añoran ver el cielo azul y la vegetación que rodea la ciudad y que la hace tan bonita cuando el aire está limpio.

La misma definición legal reconoce que el medio ambiente se ve afectado por la acción humana o natural. Es cierto que la naturaleza se afecta a sí misma: erupciones volcánicas, incendios e inundaciones tienen un gran efecto en el medio ambiente y en el hombre. Frente a estos fenómenos naturales solo podemos anticipar sus consecuencias y prepararnos, pero no eliminarlos.

Lo que nos debe preocupar es la acción del hombre, que tiene la capacidad de modificar el medio ambiente de una manera que ninguna otra especie del planeta posee. Esa capacidad ha hecho posible el desarrollo de nuestra civilización y cultura, pero también ha producido catástrofes y situaciones que se vuelven en contra de nosotros mismos. Civilizaciones completas, como la civilización maya o la rapanuí desaparecieron por la sobreexplotación de los recursos naturales.

Menos dramático pero igualmente preocupantes son los episodios de contaminación atmosférica como los de Londres en la década del 50, en que miles de personas murieron en pocas semanas, o la onda de calor que afectó a Francia en 2003, en que casi 30 mil personas corrieron la misma suerte, ¡en un país moderno! Esto anticipa lo que puede ocurrir con el calentamiento global (ver segundo tema).

El uso del medio ambiente ha permitido el progreso de nuestra civilización, pero su uso excesivo puede destruirla. La energía del carbón junto a la máquina de vapor (un tremendo logro tecnológico) impulsó la revolución industrial, punto de partida de nuestro actual desarrollo, pero también de muchos problemas ambientales.

El carbón sustituyó a la energía animal. Y fue posible construir factorías más grandes que producían los productos que transportados por distancias mayores aceleraron nuestro desarrollo y bienestar. Pero la combustión del carbón produce humo y hollín que asfixiaban a las ciudades.

La solución fue construir chimeneas más altas. “La solución de la contaminación es la dilución” se creía, confiando en que la atmósfera era capaz de absorber una cantidad infinita de contaminantes. También confiábamos en que la capacidad del océano para absorber contaminantes o residuos era ilimitada, o que los bancos de peces podían ser explotados sin límite. Desgraciadamente nos hemos dado cuenta, a veces muy tarde, de que estábamos equivocados.

POR QUÉ DEGRADAMOS

¿Por qué se producen los problemas ambientales? Si el medio ambiente “limpio” o “sano” es indispensable, ¿por qué lo degradamos? Pareciera que la humanidad actúa en forma no racional. A veces se culpa al modelo capitalista de desarrollo económico y su afán de consumo.

Parece tener sentido. Pero una observación algo más profunda muestra que los problemas ambientales no son privilegio de un modelo económico.

Desgraciadamente la situación es mucho más compleja: no se requiere ni de malas intenciones ni de ciertas orientaciones. ¡Bastan nuestras propias limitaciones!

La más importante de estas limitaciones es la ignorancia. No siempre entendemos todas las consecuencias de nuestras acciones. Por ejemplo, a comienzos del siglo pasado el freón reemplazó al amoníaco en refrigeradores domésticos, evitando muchas muertes por intoxicación. Solo desde la década del 70, sabemos que destruye la capa de ozono, y desde hace muy poco, que además tienen un alto potencial de calentamiento global.

En los comienzos de la industria automotriz el “cascabeleo” del motor era un problema, hasta que se descubrió que pequeñas cantidades de tetraetilo de plomo agregadas a la gasolina lo eliminaba. Pero la intoxicación por plomo es una de las peores catástrofes ambientales creadas por el hombre. Aunque en ese momento se conocía la toxicidad del plomo, no se creía que cantidades tan pequeñas pudieran tener un efecto en la población.

Una segunda explicación de los problemas ambientales, y tal vez la más fundamental, es que el medio ambiente y sus recursos, por su propia naturaleza, son un bien de libre acceso. Afortunadamente, nadie puede evitar que usemos el aire para respirar, o que disfrutemos de un bonito paisaje, porque esos recursos no tienen dueño. ¡Pero tampoco nadie puede evitar que usemos el aire para emitir contaminantes! Al no tener dueño, nadie se hace cargo de su preservación (salvo unos pocos, que afortunadamente aumentan cada día). Si no existe control (regulaciones, prohibiciones, o hasta rechazo social) cualquiera puede (consciente o inconscientemente) ensuciar el aire o contaminar las aguas y el suelo.

CÓMO AFECTA EL DESARROLLO

Los problemas ambientales no son nuevos, pero hoy son mucho más importantes. Mientras las necesidades básicas no están bien cubiertas, la demanda por una mejor calidad ambiental no es prioritaria. Esto resulta en un hecho comprobado empíricamente: a medida que los países alcanzan un mayor desarrollo, la calidad ambiental aumenta (ver Figura 1). Pero esto es más complejo. A un nivel bajo de desarrollo, lo que supone el uso de pocos recursos, el impacto al medio ambiente es bajo.

El desarrollo requiere más recursos, que aumentan el impacto hasta que la misma sociedad demanda una mejor calidad ambiental, que logra con mejor tecnología y mayor conocimiento.

La relación negativa entre desarrollo y ambiente se invierte, y desarrollo y ambiente van de la mano.

Hoy el desafío para los países en desarrollo, y de Chile en particular, es reconocer este fenómeno y adelantar el cambio de paradigma.

EMPRESA Y CIUDADANÍA LENTAS

En Chile, las demandas ciudadanas por mayor calidad ambiental tuvieron respuesta en el Estado, que promulgó en 1994 la Ley sobre Bases Generales del Medio Ambiente, y creó el Ministerio de Medio Ambiente en 2010. Pero una gran parte de la ciudadanía aún no asume su responsabilidad. Casos como el de Coyhaique, en que la población que origina la contaminación también sufre sus nocivos efectos, nos sugiere que aún no entendemos cabalmente el problema.

La empresa también ha sido lenta en atender las demandas por mayor calidad ambiental, tomando un rol más bien reactivo. Diversos episodios, como el del río Cruces en 2005, o la planta de cerdos en Freirina en 2013 han significado pérdidas importantes para la empresa, la comunidad y finalmente el país.

Solo si reconocemos la relación virtuosa entre medio ambiente y desarrollo podremos avanzar en una trayectoria sustentable.
El cambio climático: el mayor desafío que ha enfrentado nuestra civilización

En diciembre de 2015, en un hecho sin precedentes, 195 países acordaron en París limitar sus emisiones de gases efecto invernadero. Esto es una indicación de la gravedad del problema y de la preocupación de todos los gobiernos para limitar las consecuencias del cambio climático.

La influencia del hombre en el clima se debe a la acumulación en la atmósfera de los gases con efecto invernadero (GEI). El más abundante es el dióxido de carbono (CO2), un producto de la combustión de combustibles fósiles, que aunque no tiene efectos nocivos inmediatos, incrementa la capacidad de la atmósfera de retener calor afectando el clima del planeta. Sin esa capacidad, la temperatura de la Tierra sería de -18°C, inhabitable para el ser humano.

Es un hecho que la concentración de CO2 en la atmósfera ha aumentado más de 40% en el último siglo. Aunque algunos escépticos (cada vez menos afortunadamente) apuntan a que esto ha ocurrido en el pasado, nunca antes el cambio había sido tan rápido (en un siglo en lugar de varios miles de años).

El cambio climático tiene muchas consecuencias. Además del aumento de temperatura (que puede llegar a 4°C a fin de siglo, ver Figura 2), el nivel del mar puede subir hasta 80 centímetros, pueden aumentar las sequías y la intensidad de tormentas y huracanes. Parecen cambios pequeños, pero si no hacemos nada, las consecuencias sobre nuestra civilización y modo de vida serán inconmensurables. El planeta se adaptará a esta nueva realidad, pero ¿podrá adaptarse nuestra civilización? Aun cuando no existe certeza total acerca de los efectos, si enfrentamos una situación tan grave, ¿no debiéramos hacer algo? El desafío está planteado.
Fuente: El Mercurio

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