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José Antonio Viera Gallo: “Se abre una nueva ventana para el comercio entre Argentina y Chile”

Conoció el mundo viajando junto a su padre, también diplomático. Viene de la política, ya que fue subsecretario de Justicia de Salvador Allende, titular de la Cámara de Diputados durante la presidencia de Patricio Aylwin y jefe de Gabinete en el primer gobierno de Michelle Bachelet.

El actual embajador trasandino llegó a Buenos Aires a mediados de 2015. Aceptó gustoso el nombramiento de Bachelet porque, confiesa, él es “un amigo de Argentina y Mendoza”.

A nuestra ciudad hacía mucho que no venía, hasta la Fiesta de la Vendimia. Tiene antiguos conocidos aquí, en especial una amistad de más de 30 años con el recientemente designado embajador argentino en Chile, nuestro ex gobernador José Octavio “Pilo” Bordón. De visitas anteriores recuerda los árboles de Mendoza y la calidez de la gente.

“Siempre estoy preguntando sobre ustedes y la provincia a los amigos que van y vienen de su ciudad”, asegura. En el Consulado de Chile en Mendoza, con el cónsul Roberto Araos como anfitrión, brindó una entrevista exclusiva a Los Andes.

-¿Le cambió la vida su designación como embajador?

-Aunque no soy diplomático de carrera y no tuve oportunidad de elegir el destino en este país, tengo una afinidad especial por Argentina, porque viví y estudié en Buenos Aires 9 años cuando mi padre era embajador allí. Siempre he estado dispuesto a servir a mi país donde sea, así que acepté con placer el nombramiento. Eso sí, conozco bien la realidad internacional, porque viajé por todos lados con mi familia y estuve 10 años exiliado en Italia, tras el golpe de Pinochet. Luego viaje por el mundo como representante de mi país y miembro de Transparencia Internacional. Y acá estoy.

-Seguramente conoce a nuestro nuevo embajador argentino en Chile, el mendocino “Pilo” Bordón…

-¡Sí, lo conozco muchísimo, desde hace más de 30 años! Antes de ahora, la última vez que lo vi personalmente fue en una reunión de observadores electorales en la OEA, en Washington.

Él ha sido una persona que nos ha ayudado muchísimo en la embajada, muy abierto hacia Chile… Cuando el presidente Macri lo nombró, fue como un regalo para nosotros. Creo que va a hacer un gran papel, porque conoce los problemas reales y prácticos entre nuestros países. Con él estamos trabajando como en un equipo.

-¿Cómo definiría el actual momento de nuestras relaciones bilaterales?

-Desde hace mucho tiempo vienen siendo muy buenas. Tuvieron un momento culminante durante el gobierno de Cristina Fernández, cuando en 2009 se firmó el tratado de cooperación entre los dos países, lo que abrió las puertas a múltiples intercambios posteriores. Sin embargo, por la forma en que la Argentina enfocó su desarrollo económico, se congeló bastante el comercio y las inversiones chilenas disminuyeron en forma drástica en los últimos años.

Hoy, con su nuevo gobierno, yo creo que se abre una ventana, una nueva oportunidad para incrementar las relaciones políticas, y para que cobren nuevo impulso el comercio y también las inversiones, teniendo en cuenta que podemos crear cadenas de valor interesantes para ambas partes. El primer síntoma que hemos tenido de eso, muy positivo, es la venta de energía de parte de Chile a Argentina, mediante la utilización de los gasoductos que por largo tiempo estuvieron paralizados.

-¿Cómo ve el proyecto del túnel de baja altura por Cristo Redentor?

-Nosotros hemos priorizado 26 pasos en toda la frontera, del total de casi 60 que tenemos. Para poner en marcha esos 26 pasos, entre los dos países tenemos que invertir unos 3.000 millones de dólares, de los cuales la mayor parte corresponde a Chile. Y se busca que esa inversión sea coincidente para que sea útil.

O sea, que no vayamos a tener un paso bueno por un lado y malo por el otro. En la región de Cuyo hay tres proyectos de túneles. El túnel de Agua Negra, que une San Juan con Coquimbo y costará unos 1.300 millones de dólares, ya tiene el visto bueno de los dos países y financiamiento del BID.

El túnel en el paso de Las Leñas tiene características y costos análogos al de Agua Negra, o sea 13 km de largo y unos 1.500 millones de dólares; ahora se está formando un ente binacional y se saldrá a buscar financiamiento. Pero el túnel de baja altura de Cristo Redentor es una obra mayor, porque son 50 km de largo y su costo es entre 5 y 10 veces el de los otros dos.

Ya se han hecho los primeros estudios y son positivos. Pero el gran desafío que tiene ese túnel es encontrar el financiamiento. Hasta ahora, han mostrado interés la empresa argentina de Eurnekian y Mitsubishi, y se siguen buscando otras empresas.

El gobierno chileno presentó el proyecto en una feria en Shangai, con la esperanza de encontrar financiamiento entre empresas chinas. Lo fundamental en este caso, insisto, es encontrar el esquema financiero que sea satisfactorio y factible para ambos países.

-¿Cómo se articula la integración comercial entre Chile y Argentina, siendo que forman parte de distintos bloques económicos regionales?

-El proceso de integración latinoamericano es bastante complejo y se mueven muchas piezas. Argentina está dentro del esquema del Mercosur, y ahí la relación privilegiada, como es natural, es con Brasil. En el caso de Chile, nosotros tenemos como esquema la Alianza del Pacífico, con Perú, Colombia y México, con los que prácticamente tenemos un tratado de libre comercio.

El gobierno chileno lo que quiere es un acercamiento entre la Alianza del Pacífico y el Mercosur. Desde el punto de vista político, yo creo que no hay ninguna dificultad. La presidenta Rousseff, que acaba de estar en Chile con Bachelet, así lo manifestó. Y también el presidente Macri, cuando fue a Santiago antes de asumir el mando.

Yo creo que a nivel del diálogo político vamos bien. El problema es cómo se enfrenta la situación económica. Pienso yo que si se llegara a un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, sería un gran paso adelante. Porque a su vez, varios países, por ejemplo, Chile y México, también tienen un tratado de libre comercio con la Unión Europea. Entonces, eso podría ser un parámetro común, un punto de partida.

-¿Y cómo está la balanza comercial entre Argentina y Chile?

-El comercio ha bajado en los últimos años, pero nuestra esperanza es que ahora se incremente, y que además se potencie, en el sentido de que más empresas argentinas den valor agregado a sus productos en Chile.

-Además de la energía, ¿en qué otros rubros tenemos posibilidades de aumentar el intercambio?

-Dos países que tienen 4.000 km de frontera puede intercambiar prácticamente todo, pero nosotros tenemos mucho que aprender de la Argentina en ciencia y tecnología, biotecnología, ciencias del espacio, energía nuclear. Obviamente, en el campo de la agroindustria se podría avanzar muchísimo.

Ahora, por ejemplo, Chile está empezando a exportar animales vivos, vacunos, ganado, y se estudia la posibilidad de exportarlo por el Atlántico Sur argentino. Nosotros también tenemos la industria de la acuicultura, que ha avanzado bastante, sobre todo en la parte del salmón. Y con la minería, ahora que Argentina ha levantado algunas restricciones a la explotación, se abre también una gran posibilidad, porque tenemos un tratado minero que permite explotaciones binacionales.

El ideal sería que los esquemas económicos de los dos países se parecieran un poco más. La dificultad que tenemos nosotros con el Mercosur es que tiene una economía bastante protegida, o sea que el arancel común es bastante alto.

-En nuestros países ha habido escándalos de corrupción que han desacreditado a la política. ¿Cómo se combate esa percepción?

-A mí me tocó presidir el capítulo chileno de Transparencia Internacional, una ONG con sede en Berlín que integra a muchos países y mide la percepción que la gente tiene del grado de corrupción de los países.

Y como tal impulsé medidas a nivel internacional y en Chile. En el primer gobierno de Bachelet diseñamos y sancionamos la ley de Acceso a la Información Pública, y un Consejo de la Transparencia, un organismo autónomo del Estado que vela por la transparencia y la probidad en el sector público. Luchar contra la corrupción es un problema en todo el mundo.

Aun los países que están más alto en ese índice de Transparencia, como Canadá, tienen sus escándalos. Lo importante es velar porque esos escándalos sean investigados, que los infractores sean sancionados, aplicar las enseñanzas que se sacan… El escándalo es algo que acompaña la actividad humana.

El tema es buscar normas, infundir valores culturales que reduzcan la tentación de la corrupción. El hecho de que en Guatemala, por ejemplo, la gente haya sacado al presidente y a la vicepresidenta por corrupción, habla de que la gente no está dispuesta a tolerar más abusos de poder, escándalos de dinero y mentiras en la vida pública.

Fuente: Los Andes/Pedro Straniero

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