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Se acaban de aprobar importantes proyectos vinculados a la generación de energía termoeléctrica en nuestro país y ha sido materia de titulares en los diarios, discusiones en foros y polémicas.
Veamos este hecho con objetividad: En el corto plazo, Chile debe enfrentar una crisis energética y en el mediano plazo, el país necesita aumentar considerablemente la generación eléctrica para satisfacer la demanda que conlleva el aumento de su nivel de desarrollo y tener una energía más barata para la población.
La energía que se puede generar con los proyectos recientemente aprobados permitirá cumplir con algunos de esos objetivos. Desde una perspectiva económica, existirá una mayor tranquilidad para nuevos proyectos mineros en el norte que son grandes demandantes de energía. Desde el lado social, habrá más oferta de energía, lo que permitirá bajar los precios de la electricidad o al menos disminuir el riesgo de falta de abastecimiento. Desde una mirada ambiental, se hace más factible la desalinización de agua de mar para ser llevada a los centros urbanos e industriales del interior del país. Lo anterior es porque el gran escollo para realizar dicho suministro es la energía necesaria para poder transportar agua por acueductos desde el mar hacia lugares lejanos generalmente en altura. Esto significará disminuir la extracción de los acuíferos subterráneos con la consiguiente mejora de los ecosistemas que viven de esta fuente.
Asimismo, el reciente terremoto de Japón nos dio una advertencia sobre la precariedad de las fuentes energéticas nucleares haciéndonos re evaluar la verdadera posibilidad de contar con este tipo de fuentes. Por otro lado, las Energías Renovables No Convencionales no son la única solución, teniendo costos elevados, producción limitada de energía e inestabilidad del suministro. La generación a través de hidrogeneración también posee costos ambientales asociados. De acuerdo a esto, las alternativas de suministro no son tantas o, dicho de otro modo, todas tienen algún tipo de bemol.
Frente al debate de estas aprobaciones ambientales nos hace pensar si es que realmente estamos frente a un discusión sobre fuentes de energía y beneficios ambientales o si estamos ante la vieja dialéctica entre la sustentabilidad fuerte versus la sustentabilidad débil.
En pocas palabras, la primera es una postura que ve al medio ambiente como una limitación al desarrollo económico y que no permite el intercambio de un costo ambiental por un beneficio para el medio ambiente diferente– compensación ambiental-, o para el hombre. La sustentabilidad débil, en cambio, permite reemplazar un bien ambiental en la medida que las generaciones futuras tengan algún provecho con ese cambio, ya sea en tecnología, infraestructura o para el medio ambiente distinto al reemplazado.
Dada la necesidad urgente de nuevas fuentes de generación, no es mucho con lo que podemos contar en el corto plazo, y es mejor que vayamos entendiendo esa precariedad. Lo que no podemos hacer es enfrascarnos en posiciones dogmáticas y rechazar proyectos a priori.
Al parecer, esta discusión va más allá que las fuentes de energía necesarias para el país y puede significar entrar en un debate que determine la postura que se tendrá sobre todos los aspectos productivos en el futuro. Tal vez la polémica sobre la aprobación de estos proyectos es solo la punta del iceberg de una discusión mayor.
Por: Winston Alburquenque, Profesor UC
Derecho de los Recursos Naturales |