Las últimas cifras de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica, CASEN, muestran que la pobreza por ingreso en Chile ha disminuido. En particular, revelan una reducción de29,1% en 2006 a 11,7% en 2015, significativo logro considerando que el promedio de América Latina para el año 2014 fue de 28%.

Esta información se vuelve relevante al constatar que las cifras de pobreza en Chile son disímiles en función del territorio que se observe. Por ejemplo, una variable que resulta significativa en esta heterogeneidad es el área en la cual se ubican las personasen situación de pobreza en nuestro país (22% en zonas ruralespor sobre 10,2% en urbanas).

Hoy, además, Chile cuenta con una medida más exigente de medición de pobreza al haber incorporado la medición multidimensional con indicadores de educación, salud, trabajo y seguridad social, vivienda y entorno, y redes y cohesión social. Esta medida entrega datos para avanzar en una política social más pertinente y compleja en los distintos territorios, permitiendo mapear estas brechas en los diversos indicadores que se traducen en pobreza para las personas a lo largo de Chile. La pobreza multidimensional para 2015 fue de 20,9%, y nuevamente salió a jugar su carta la variable territorial, presentando una importante brecha de 16,5% entre la pobreza rural y la urbana.

Esto no lleva si no a concluir en la necesidad de una política de intervención distinta, donde la mirada territorial juegue un rol clave y donde la forma tradicional de medir rentabilidad social se adapte al hecho de que la población rural en Chile es significativamente menor que la urbana.

En este contexto la cooperación público privada para el desarrollo territorial es una oportunidad para mejorar la calidad de vida de los habitantes de dichos territorios. Y eso pasa por hacer de los proyectos de inversión, proyectos inclusivos, virtuosos y sostenibles.
Pero hoy los datos muestran que los grandes proyectos de inversión en Chile se encuentran detenidos o estancados: 16% cayó inversión en Chile entre 2013 – 2016 (SOFOFA, 2016), 50% bajó inversión extranjera directa en Chile entre 2014 y 2016 (Banco Central), 28 puestos cayó Chile en atractivo país para la inversión minera entre 2015 y 2016 (FraserInstitute)y 23% disminuyó la inversión proyectada para el período 2017-2021, en relación a lo preconcebido en 2016 (CBC, 2017).
Si le añadimos a la ecuación el que los grandes proyectos de inversión (minería, forestal, acuicultura, energía, entre otros) son percibidos únicamente como negocios que buscan extraer riqueza de las zonas en que se sitúan y no como proyectos que avanzan hacia compartir los beneficios con las comunidades en las cuales se insertan, presentamos un panorama complejo que, entre otros, perjudica fuertemente el potencial de desarrollo de los territorios.

Ante esto, una sola conclusión: Chile reclama una política de desarrollo territorial con una articulación estatal que oriente los procesos hacia el beneficio mutuo, respetando los derechos de las personas y del medio ambiente, como una apuesta relevante para este nuevo periodo de la política social y de desarrollo que nuestro país necesita.

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